Se me quedan cortas las palabras cuando intento explicar este vacío.
Así que lo escribo. Como siempre he hecho.
Porque es la única forma que conozco de sacar lo que arde por dentro.

Hay una sombra dentro de mí que no hace ruido, pero no para de devorarme.
No sé si esta era la vida que imaginé alguna vez.
O si tomé el camino equivocado hace tanto que ya ni recuerdo quién era antes de perderme.

Estoy perdida en un mundo que va demasiado deprisa y siente demasiado poco.
Todo pasa tan rápido que no me da tiempo a respirar.
Intento agarrarme a algo, a lo que sea.
A lo que me prometieron. A esa felicidad que supuestamente llegaría.
Pero nunca se queda.
Parpadea. Se desvanece. Y yo solo espero el golpe, la caída, la ausencia.

Trabajo hasta romperme.
Hasta vaciarme entera intentando ser alguien.
Intentando que algo de mí quede en este mundo.
Que al menos quede constancia de que estuve aquí.
Porque el tiempo acecha, y aunque dicen que soy joven, siento el final arrastrándose por mi piel.
Me araña el pecho. Llama a la puerta. Me roe por dentro mientras grito a un silencio que no contesta.

Grito contra la almohada hasta que la voz se me rompe.
Lloro en la ducha, en ese rincón que ya me ha visto caer demasiadas veces.
Escribo en redes, buscando que alguien, aunque sea un desconocido, me entienda.

¿Quién soy?
No lo sé.
He peleado tanto por saberlo que ya no me quedan fuerzas.
Estoy cansada.
Cansada de fingir que estoy bien.
De sonreír como si las noches no me devorasen entera.

Todo aquello de lo que huí… ha vuelto.
Y ya no tengo dónde esconderme.

Sigo en pie. Pero estoy perdida.
Sigo respirando. Pero me duele.
Sigo avanzando. Pero por dentro no siento nada.Si este vacío es lo único que queda de mí,
entonces que quien sea que me mire desde arriba me empuje hacia adelante.
No hacia atrás. Nunca hacia atrás.
Solo… hacia algo.

Escrito el 24 de junio 2025