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Volar

Era lunes cuando pensó en saltar.
Eran esas ganas de gritar y de desgarrarse la piel retorciéndose de dolor entre lágrimas de ansiedad y agonía lo que la postraron ante el umbral de la ventana. Ahogándose entre inspiraciones y expiraciones, buscaba un lugar seguro donde aferrarse mientras miraba hacia el vacío que se iba agrandando bajo sus pies.

Ojeó hacia atrás antes de realizar la última bocanada.
Su reflejo desfigurado le sonreía enmascarando la desesperación que le envolvía. Como siempre.

Esos tiempos de Ally y Tom no le parecían tan lejanos ni tan inconsecuentes como entonces ella pensó. Y volviendo la vista hacia aquél pasado que ya quedó en un mero recuerdo, retrocedió un pequeño pasito.
Buscó y llamó a todas las puertas que el corazón y su orgullo le permitieron antes de volverse contra el sol, desafiando y recomponiéndose ante la mañana que oscurecía.

La respiración entrecortada agrandaba el nudo que se le había formado en la garganta, que literalmente la asfixiaba y le impedía gritar ayuda.
La necesidad de huir apareció de la misma forma que cuando tumbada en el suelo de su vieja habitación, hacía retumbar en sus oídos horas de música que entonaban las melodías que ella no podía cantar. La fuerza se desvanecía y las ganas de continuar menguaban al mismo tiempo que las palabras de desprecio y las risas enlatadas la empequeñecían poco a poco.
Y se postró de nuevo en el umbral agarrándose al marco de madera que le astillaba la mano. Y saltó.

Saltó hacia el vacío de posibilidades infinitas que le ofrecía la caída hasta el descenso del mismísimo fin del mundo. Seguidamente, aterrizó.

Escrito el 24 de marzo de 2019

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