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Palabras a media tinta

Voy empezando textos, y nunca los termino.

Ficción, opinión y pensamientos internos que quedan pausados con el movimiento rítmico de un cursor, que se burla ante mi inexperiencia frente a una hoja en blanco. Frente al cansancio y desgaste físico y mental, de una cuarentena, de las idas y venidas, de las lavadoras sin poner, de aquellos que requieren tiempo y sociabilidad, y de la jornada que termina en una copa de vino para compensar las horas extras.

Plasmo ideas de temas irrelevantes y de seres superiores, de rebeliones feministas contra el cuerpo, la mente y el vestuario, que me parecen repetitivas. De querer a la forma, las líneas y al gotelé de las piernas. De abrazar a los cuerpos grandes, pequeños, gruesos, finos, anchos, delgados, pero sobre todo al mío. De conseguir, por fin, mirar el reflejo de una joven desgastada, a la que se le han grabado los estereotipos de belleza, por mucho que intente negarlo.

Hablo sobre la inutilidad de los mensajes positivos que entes plasman en sus redes sociales, bajo medio millón de me gustas, y de las poses sensuales para conseguir visitas. De que lo mejor que puedes hacer es gritar dentro del agua. Gritar para amortiguar el sonido agudo y gutural de desesperación. De dolor, amargura y rabia.

Escribo sobre aquel cielo que se abrió antes de deshacerse y caerse a los pies que lo miraban con incredulidad, y de cómo la envolvieron en un torbellino que la adentraron hasta las profundidades de la tierra.

Redacté una carta inacabada a todos los amigos que se fueron y a aquellos que se han quedado. Esta recitaba:

“Queridos amigos y amigas:
Hoy me hallo pensando que las palabras quedan más bonitas si de algún modo están escritas.

Querido amigos y amigas; y todos los que ya son conocidos y conocidas.

Queridos aquellos que, en mis idas y venidas, os acordáis de solamente decir: hola. De enviar un feliz cumpleaños, en el día equivocado, pero solucionarlo con una llamada que enamora el corazón.

Queridos todos, que por mucho que la vida nos pase, y las palabras se desvanezcan entre luces móviles, parece que el tiempo se nos escurre en un abrazo. Queridos aquellos de los que nunca recuerdo felicitar, pero sabéis, y sino, aquí os lo digo, tenéis un rincón de mi vida, reservado especialmente para vosotros.

Queridos aquellos que han quedado atrás, y la efusividad y pasión de una larga temporada, se ha esfumado como el último grano de arena pasando por el embudo de cristal…”

Y las letras se me esfuman de las manos. Lo único que consigo son palabras a media tinta y textos que nunca termino.

Escrito el 18 de septiembre de 2020

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